Ella no entendía nada y estaba perdida. Muy perdida.
Siempre lo estuvo, solo que a veces se le olvidaba.
Le era mucho más fácil no ver la realidad, dolía demasiado.
Por eso se encerraba en si misma. Se evadía. Su mejor vía:
La lectura. Le daba una excusa genial para encerrarse en si misma y olvidarse de su existencia. Se centraba en las historias de los libros, se indentificaba con ellos y no se sentía ni tan sola, ni tan desgraciada. Por lo menos cuando leía la dejaban en paz. Y se fundía con la historia.
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