Me acuerdo de nuestras tonterías, los martes y las veces que me traspasabas con la mirada.
Las veces que me mirabas acusándome, o las veces que solo con el odio que me llegabas a transmitir me ponía a llorar. Me acuerdo de la clase de ética, cuando flipaste con Babel, y nunca acabamos de verla. O cuando vimos Camino, que no podías parar de llorar y cuando acabó nos pasamos horas insultando a los del Opus Dei. O las veces que nos prometimos cosas que nunca cumplimos, las veces que en tu piscina era la persona más feliz del mundo.
El día que fue lo de Juan y tú tenías Física y llegaste a la clase de Francés y me diste un abrazo sin más, y me quedé mirandote con cara de idiota. Las veces que me hiciste reír a carcajada limpia, nuestros complots contra el mundo. Hoy me acordé de ti. Me gustaría poder gritar taantas cosas. Gritarte que quiero que vuelvas a ser la tia que conocí, con la que poder reír, bromear y llorar. Que te echo de menos, pero ya no hay nada que recuperar y que me gustaría volver a ese día de Septiembre en el que nos conocimos. Me encantaría.
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