Ella atendió el partido entusiasmada. El resultado daba igual. Luego empezó a preguntarse por qué se celaba de lo mismo, cuando no sabía si quería a su novio o no. Por un lado sí, pero por otro le desquiciaba hasta límites insospechados. Tenía ganas de llorar. Por todo y nada. Se estaba autoengañando una vez más, por no saber cortarlo, por quererle y por tener miedo.
Miedo a perderle, a estar sola, a no ser feliz nunca.
Maldita adolescente.
2 comentarios:
Tantas y tantas veces he repetido yo ese: "maldita adolescente" que ya pierdo la cuenta...
Es duro, complicado, pero se aprende y se madura como nunca..
En cuanto al texto, esas rayadas del quince creo que las sufrimos todos, de una u otra forma, por una cosa o por otra, se tiene miedo, o se sufre, a veces más de la cuenta, porque parece que caemos en un bucle del que no queremos salir, pero creo que el tiempo nos ayuda bastante, y tomarse las cosas con mas calma, hablar con otras personas que nos dan diferentes puntos de vista...
Y por lo de no ser feliz nunca... ¡no! piensa en las pequeñas cosas que te hacen sonreír, por simples que sean, a eso se le llama felicidad! disfrútalas! ;)
Ale, por hoy, el comentario tocho, jaja...
Un besito!
Muchas gracias ;D
^^
Tienes tooda la razón :)
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